Cinco líderes mundiales: No es el momento de peleas geopolíticas

Necesitamos una alianza global para luchar contra la pandemia

Por Frank-Walter Steinmeier

El autor principal es el presidente de Alemania. Cuatro líderes mundiales, el rey Abdulá II de
Jordania, y los presidentes Halimah Yacob de Singapur, Sahle-Work Zewde de Etiopía y Lenín
Moreno Garcés de Ecuador, son coautores de este artículo.

Nuestras naciones, sociedades y economías están bajando su velocidad y casi han llegado a
detenerse frente a una amenaza externa global que traspasa fronteras, etnicidades y credos. La
vida pública ha llegado a un paro virtual. Pero será difícil sostener estas medidas de
distanciamiento social sin precedentes por un largo período de tiempo.

Los países están retrayéndose para tratar de hacer frente a la pandemia del coronavirus,
cerrando sus fronteras e imponiendo drásticas medidas ejecutivas, en un enclaustramiento que
amenaza con dejar que cada país se defienda por sí solo. Sin embargo, podremos contener y
contrarrestar más efectivamente la covid-19 si derribamos las barreras que impiden el
intercambio de conocimientos y la cooperación.

Crisis como estas tienden a sacar lo mejor y lo peor de la gente. Como líderes, nuestra
responsabilidad es fomentar lo primero y contener lo segundo. Nuestros países están en varias
etapas de la crisis, pero todos vemos y admiramos el fuerte espíritu de solidaridad y la gran
cantidad de personas que, con pasión, están tratando de salvar vidas y mantener funcionando
los servicios indispensables. Nos da esperanza y nos inspira pensar que nuestras sociedades no
solo capearán esta crisis, sino que crecerán más fuertes y más conectadas.

Asimismo, la manera más convincente de enfrentar la dimensión global de esta crisis es a través
de un incremento de la cooperación y de la solidaridad. Existe una lección central que debemos
aprender de la experiencia humana: casi todas las plagas que causaron daño a la humanidad ––
tuberculosis, sarampión, ébola, sida–– han sido derrotadas por la medicina moderna que ha
provisto de terapias y vacunas. El conocimiento compartido y la investigación acelerada llevada
por una red global de científicos proveerán también la respuesta final a nuestras actuales
dificultades.

Esta es una crisis global. Cualquier retraso en la acción significa muerte. Todos enfrentamos al
mismo enemigo y, en cambio, podemos ganar si unimos toda la fuerza de la humanidad para
enfrentarlo. No puede haber un triunfo contra el virus en un solo país o grupo de países. Todos
tenemos algo que contribuir, sin importar el tamaño de nuestras economías o poblaciones. Una
solución global es del propio interés de cada uno.

Damos la bienvenida al compromiso de los líderes del G20 de hacer todo lo que puedan para
enfrentar la crisis. Apoyamos totalmente el llamado humanitario global del Secretario General
de las Naciones Unidas. Pero ninguna entidad mundial cubre los elementos médicos,
económicos y políticos requeridos para producir una vacuna para todos quienes la necesitan.

Estamos firmemente convencidos de que debemos formar una verdadera alianza global para
movilizar el ingenio humano y la solidaridad. Construyendo sobre el trabajo de la Organización
Mundial de la Salud, llamamos a unir fuerzas al Grupo del Banco Mundial, al FMI, a la Cruz Roja
Internacional y al Movimiento de la Media Luna Roja, a las alianzas internacionales para las
vacunas, a las fundaciones filantrópicas, a los científicos y a las compañías farmacéuticas
privadas.

Esta nueva alianza debe dedicarse a cuatro objetivos clave. Primero, debemos acelerar la
investigación y el desarrollo de tratamientos y vacunas a través de ciencia abierta y transparente
con un financiamiento muy superior. Segundo, asegurar la rápida producción, compra y
distribución de kits de pruebas y de equipo médico crítico para todos. Tercero, aumentar
rápidamente la producción y asegurarnos la distribución justa y equitativa de las futuras terapias
y vacunas a todos los rincones del mundo, incluidas las poblaciones vulnerables, como las de los
refugiados. Cuarto, articular los inmensos beneficios de una respuesta global, coordinada y
cooperativa a la crisis, enfocándonos en que el tratamiento y la vacuna que se producirá sean
un ejemplar “bien público global”.

Reconocemos que esta alianza de múltiples actores no será fácil de construir o administrar, pero
creemos que vale la pena intentarlo. Aprovechará el inmenso reservorio de las esperanzas y de
los mejores instintos de las personas. No es tiempo de peleas geopolíticas a ver quién llega
primero.

Nos damos cuenta de que, tras la crisis, nuestras sociedades no serán las mismas y tampoco lo
será el mundo. Pero desafiamos a todos los que pretenden decir hoy que ese mundo será más
pobre y más frío, con las personas y las naciones guardando distancia unos de otros. Nuestras
decisiones en el curso de las próximas semanas y meses determinarán cómo se verá el mundo
de mañana.

Internacionalizar el desarrollo, manufactura y distribución de los tratamientos y vacunas no solo
entregará el antídoto al propio virus sino también a las crecientes grietas que se han producido
desde que aquel brotó. De la presente pandemia no va a salvarse ningún país, sin importar cuán
avanzadas sean su economía, capacidades o tecnología. Frente al virus somos todos iguales y
debemos trabajar unidos para vencerlo. Confiamos en que, si juntamos nuestro conocimiento y
nuestros esfuerzos, podemos y seremos salvados por el ingenio humano. Logremos esto en un
espíritu de solidaridad, cuidado para todos, sean pobres o ricos, viejos o jóvenes, mujeres u
hombres. Esto salvará vidas. Esto sacará lo mejor de nosotros. Y hará del mundo de mañana un
lugar mejor.

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